Cuando llegó a Estados Unidos, pensó que el simple hecho de estar en un país diferente lo transformaría. Pero pronto descubrió una verdad que muchos inmigrantes conocen en silencio:
este país no cambia a nadie… este país EXIGE que tú cambies.
Aquí entendió que:
- si no eres puntual, te quedas atrás
- si no eres organizado, te comen vivo
- si no eres disciplinado, no avanzas
- si no controlas tus impulsos, te hundes
- si no manejas tu dinero, te quedas sin nada
- si no te enfocas, te pierdes
Estados Unidos no regala oportunidades. Pero sí te da la posibilidad de convertirte en alguien mejor… si estás dispuesto a pagar el precio.
Él venía de una vida desordenada, impulsiva, reactiva. Un estilo que quizá funcionaba antes, pero aquí no. Aquí, ese desorden se convierte en un peso que te hunde.
Y entonces tuvo que elegir:
Quejarse… o adaptarse.
Eligió adaptarse.
Aprendió a organizarse. Aprendió a controlarse. Aprendió a pensar antes de actuar. Aprendió a planificar. Aprendió a ser responsable consigo mismo.
No fue fácil. No fue rápido. Pero fue real.
Hoy entiende algo que antes no veía:
No fue el país quien lo cambió. Fue él quien decidió crecer porque este país se lo exigió.
Y ese cambio lo está llevando a lugares donde antes ni siquiera se atrevía a soñar.
Deja un comentario